Contra los algoritmos

Por Alberto Chanona
22 de enero de 2021

Hace algunas semanas, di clic en una reseña literaria recomendada por el algoritmo de Youtube. Llamó mi atención el discurso del presentador: histriónico, grandilocuente, más interesado en la digresión que le permitía emitir juicios sobre temas que iban desde lo que llamaba «ideología de género», hasta la izquierda progre y la pérdida de libertades. Su propósito no era desde luego analizar una obra, sino cómo esa obra apoyaba sus ideas sobre el mundo.

Como sea, no habría dado ninguna importancia a haber visto aquel video, de no ser porque ese acto enseguida me empujó enseguida a una caída en el scroll de Youtube, una espiral, cada vez mayor, de miseria y de locura, un pozo de desesperación, un círculo infernal de odio y de maldad abyecta, sin origen, final ni propósito. Parecía, lo juro, película de Von Trier. Pero era nomás el algoritmo, que a partir de ese momento no cejó en su interés acosador de recomendarme más y más contenidos del sujeto gesticulador y de otros semejantes a él. Hablo de gente profundamente desesperada, no tanto por probar que hay justicia en su causa, sino por enseñar a sus huestes cómo derrotar (ésa es la palabra que usan), con «argumentos», y llamar idiotas (ellos) a sus enemigos ideológicos: peatones, ciclistas, veganos, ecologistas, feministas, homosexuales, socialistas, comunistas, anarquistas y un infeliz perrito, creo, que se les atravesó en la autopista y vulneró así los derechos de su camioneta a pasar primero. O algo así.

Como cualquiera supone, no soy una persona astuta, pero no me quedé viendo esos videos nomás por menso. Sencillamente, sentí curiosidad. La satisfice. Fin. Excepto que no fue tan fácil. Porque uno puede pensar que ha terminado con Youtube, pero Youtube aún no ha terminado con uno1 y persistió en su acoso recomendador. Decidí, entonces, a fin de confundir al algoritmo demoniaco, ver unos cuantos videos de categorías contrarias. Porque fuego se combate con fuego, pensé (ya he dicho que no soy una persona astuta), y no creerás lo que pasó… A estas alturas, mi timeline terminó ya de convertirse en un manicomio donde los locos aúllan en todas direcciones.

Y pensar que había dejado Twitter por razones como ésa.


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  1. «Nosotros podemos pensar que hemos terminado con el pasado, pero el pasado nunca termina con nosotros», dice la frase original de Magnolia (P. Thomas Anderson, 1999)





No hay cosas sin interés. Sólo gente sin ganas de interesarse. ―G. K. Chesterton.